La metrópoli madrileña

Como  en Europa, el modelo territorial español es un modelo concentrado y polarizado, en el que las grandes áreas metropolitanas concentran no sólo la población y la actividad económica, sino también los centros de decisión, los centros de investigación e innovación tecnológica y las principales infraestructuras y equipamientos.

Podríamos distinguir los siguientes niveles:

El desarrollo urbano de Madrid a escala metropolitana ha estado estrechamente relacionado con el modelo concentrado de desarrollo industrial, que tuvo lugar en España a partir del Plan de Estabilización de 1959.

La posición de Madrid en un sistema de transporte centralizado, el amplio mercado de consumo interno, y, principalmente, la concentración de los centros de poder político y económico-financiero fueron los factores fundamentales que explican el despegue económico madrileño. En estas circunstancias, Madrid modernizó su base industrial, con un fuerte peso de la tecnología y del capital extranjero. Además desarrolló un amplio sector terciario, apoyándose en la centralización de las funciones de decisión política y económica.

En este marco tuvo lugar el proceso de formación del Área Metropolitana. Su desarrollo ha seguido las etapas fundamentales de las principales aglomeraciones urbanas de los países industrializados.

1961-1965. Se caracteriza por un crecimiento de la ciudad central superior al de los municipios periféricos. El plan del Área Metropolitana (1961-1963) revisa el aprobado en 1946. Aceptando de entrada el fracaso de las propuestas del Plan del 46, el Plan del 61 intenta, con muy poca convicción, mantener aquello que aún queda de sus ambiciosas intenciones, dando carta de naturaleza a todo el crecimiento producido en sus quince años de vigencia. El Plan del 61 formuló un modelo metropolitano ambiguo, en el que se asume la extensión del núcleo central sin renunciar por ello a la imagen de un sistema de núcleos satélites.

1965-1975. Se caracteriza por una ralentización del crecimiento en el centro de la metrópoli y elevadas tasas de incremento de la población en los municipios de la corona metropolitana. Durante estos años Madrid experimenta un "salto" hasta una corona de doce kilómetros de radio, apoyándose en los Municipios rurales próximos.

1975-1980. Se caracteriza por una ralentización del crecimiento urbano, principalmente del volumen de población. En 1975 el modelo de desarrollo económico entró en crisis, afectando a la aglomeración urbana madrileña. Durante los ochenta, con los primeros Ayuntamientos democráticos, la intervención municipal se concentró en la recuperación de los elementos sociales de la ciudad, al tiempo que se colocaban las bases de políticas más ambiciosas de mejora urbana. Más allá de su perfil legal, los Planes Urbanísticos redactados n esos años jugaron un papel como plasmación de una cierta idea alternativa de ciudad y, sobre todo, como argumento de referencia común de las diversas iniciativas públicas y de la propia sociedad civil.

El proceso de revisión del Plan Metropolitano de 1963 se produjo como resultado de la suma de los Planes Generales elaborados desde cada uno de los Municipios del Área Metropolitana.

1980-2005.Veinticinco años que transformaron la ciudad. En este período se elaboran dos planes generales de ordenación urbana. El Plan General de 1985, inspirado por la izquierda y el Plan General de 1997, inspirado por el centro-derecha. Con puntos de partida y objetivos diferentes pero con una única resultante final: Madrid acomete la mayor operación de creación de infraestructuras de su historia. Esto, unido a la llegada de 500.000 emigrantes censados en 2005, transforma la vieja capital en ciudad e inmediatamente en urbe cosmopolita de proyección internacional.

En 2005 Madrid tiene algo más de tres millones de habitantes y la región se acerca a los seis millones, concentra el 80% de la inversión extranjera en España, lidera el PIB por habitante en la Península Ibérica y se sitúa por encima de la media europea. Cuando en 2002 se decide promover la candidatura de Madrid como ciudad organizadora de los Juegos Olímpicos de 2012, en competencia con París, Londres, Nueva York y Moscú, se está explicitando una correcta metáfora urbana: las ciudad está en ese momento en el entramado del sistema urbano internacional y tiene como cobertura inestimable una región en constante crecimiento.

2005-2016. Fase de centralidad en Europa.La potencia de la región urbana de Madrid debe presentarse en la doble vertiente de su área de influencia inmediata y como núcleo de los ejes o corredores radiales nacionales.

Madrid capital ocupa una posición geográfica periférica respecto a los actuales ejes de desarrollo europeos, mientras que disfruta de una centralidad relevante entre las ciudades continentales. La capital española goza de buena comunicación con gran parte de la península Ibérica y ocupa el escalón más elevado en la jerarquía del sistema urbano español. Precisamente esta potenciación le otorga un lugar relevante en Europa. La región se ha convertido en una densa zona urbana; sin embargo, sigue siendo una isla rodeada de territorios con una baja densidad poblacional y una escasa actividad económica. En cualquier caso, Madrid busca la mejora de su conexión con los ejes de desarrollo europeos, así como con el arco mediterráneo.

Para alcanzar dicho modelo, tiene que lograr cuatro grandes metas. Una, la mejora de sus infraestructuras de transporte y telecomunicaciones, prestando especial atención a las conexiones con Barcelona y Valencia. Dos, potenciar su desarrollo económico como región urbana propiciando actividades productivas con proyección internacional, concretamente, la consolidación de la ciudad como gran centro logístico. Tres, la mejora de su calidad de vida frente a otras ciudades europeas, mediante el fomento de la integración social, la recuperación del Centro y los distritos periféricos y la mejora de la calidad medioambiental. Y cuarto, la potenciación de su identidad como ciudad, para clarificar y reforzar su imagen en el exterior, con actuaciones que resalten las funciones de capitalidad del Estado, de la información y de la cultura.

La ciudad necesita de un nuevo impulso transformador, una verdadera revolución política. Nuevas competencias, más recursos económicos y descentralización, éstos son los retos.